La fiesta del disco cubano, Cubadisco 2005, vistió sus mejores galas la noche del 26 de mayo cuando siete mujeres artistas de reconocido prestigio nacional e internacional, recibieron el homenaje de su Comité Organizador. Mujeres de Luz se denominó el espectáculo que tuvo lugar en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, trayendo de vuelta un pensamiento de nuestro Apóstol José Martí en el que se acota: “luz es una especie de espíritu que brota del cielo y de las mujeres en la tierra”. De estas siete mujeres homenajeadas en particular ha emanado durante varias décadas tanta luz que sin ella no hubiera sido posible el fulgor actual de nuestra cultura nacional. Mujeres de Luz son, por citar solo algunas, Digna Guerra, María Teresa Linares, Esther Borja y, por supuesto, nuestra Reina de la música campesina, Celina González, para quien este homenaje significa “un reconocimiento muy especial que me llena de regocijo y me aporta ánimos para volver a cantarle a mi pueblo.” Para Celina González la música campesina ha sido como su propia vida. La lleva tan adentro como el recuerdo de sus padres de quienes heredó el gusto por el tres y el laúd, por las décimas y las controversias. “Desde niña viví en un guateque perenne. Éramos nueve hermanos y vivíamos en la mayor humildad, pero con aquellas fiestas entre los vecinos del campo lográbamos alejar la pobreza. Unos años después, mis padres, tratando de buscar alguna mejoría, abandonaron la finca Nueva Luisa en Jovellanos, Matanzas y nos trasladamos para Santiago de Cuba. “Allí nos instalamos en una casita de madera y suelo de tierra. Seguíamos sin luz eléctrica y, por consiguiente, sin televisor ni radio. Tampoco nos hacían falta, porque habíamos llevado con nosotros nuestros guateques. Y con eso era suficiente.” “En esas circunstancias, explica seguidamente su hijo Lázaro Reutilio, quien como compositor e intérprete ha acompañado a Celina en los últimos 23 años, conoció a Reutilio, mi padre, con el que creó un dúo que tuvo su debut en 1947, en la cadena oriental de radio de Santiago de Cuba.” “Ñico Saquito nos trajo para La Habana, en noviembre de 1948”, acota la Reina de la música campesina, que demostró a partir de ese momento que había nacido poeta y también para cantante, aun cuando jamás estudió canto, ni había puesto los pies en una escuela de música. “Celina es empírica. La naturaleza le dio esa impostación natural a su voz y con la que tanto le ha cantado a Cuba, a las palmas, a la campiña”, asegura Lázaro Reutilio. Y también a las principales deidades del panteón yoruba como Shangó. “Hacía como tres días que Reutilio y yo habíamos llegado a La Habana cuando tuve la aparición de Santa Bárbara. Yo nunca había escrito cantos religiosos, solo había hecho décimas. Pero aquella aparición hizo que le dedicara una canción que escribí enseguida y que ha recorrido el mundo no solo en mi voz, sino en la de otros intérpretes. Esa canción nos abrió el camino a Reutilio y a mí. Enseguida logramos contratos en varios lugares. Y ha continuado abriéndolos no ya con Reutilio, pero sí con mi hijo Lázaro. Precisamente “Viva Santa Bárbara” y “Yo soy el punto cubano” son “las canciones que más me emocionan. Las que más recuerdos me producen”, asegura Celina. ntes de formar dúo con Lázaro Reutilio, la Reina de la música campesina había grabado más de 30 discos y acompañada por él ha grabado diez. Algunos de ellos le han permitido la obtención de premios como el de Plata de la EGREM, entregado en 1980. Igualmente han sido ganadores de varios galardones en Cubadisco y en más de una ocasión del Gran Premio. En el Cubadisco del pasado año fueron merecedores del Premio de Honor con el CD 50 años como una reina, nominado para los Granmy del 2002. Este disco incluye una variedad de géneros entre los que sobresalen guajiras, sones y guarachas. Mientras que en el ámbito internacional resulta significativo la obtención del disco de Oro de África, en 1991. La gracia criolla de Celina González, su espléndida voz, su talento artístico y ese don que trasunta sin proponérselo la esencia de una gran dama que inspira reverencia en cualquier escenario, hicieron que los londinenses la proclamaran la Reina de la música campesina y la acogieran como visitante ilustre. Así también lo han hecho otros pueblos de Europa, de América y de África. Mientras, para nosotros los cubanos Celina es, al decir de su hijo Lázaro Reutilio Domínguez, algo sobrenatural. Algo de lo que nos sentimos inmensamente orgullosos. Al concluir nuestra conversación, Celina quiso despedirnos con estos versos: “Jiribilla Digital y de Papel, ambas de la cultura cubana en cuyos mensajes se hermanan el nombre de Cuba y el de Fidel.” Por nuestro lado decidimos hacerlo apostando por su pronto restablecimiento para que pueda, como prometió, volver al escenario cuanto antes y continúe irradiando para nuestra cultura todavía mucho más luz.